El periódico The Times lo calificó como el hombre más feliz del mundo. Así que imagina mi alegría cuando supe que podría compartir un momento con Meik Wiking, en su visita por Toronto.

 

Hace unos años, comencé a hacer cada vez más mío el término ‘japi’ e incluso organizo el festival anual Let’s be Japi! La idea básicamente es no tener qué esperar a pronunciar happy perfectamente para poder ser feliz como inmigrante en Canadá.

 

En fin, Meik Wiking, no cree ser el hombre más feliz, pero asegura estar entre los finalistas. ¿El secreto de tanta felicidad? Está en el hygge (bienestar, en danés) y en el arte de crear y revivir momentos felices.

 

Meik Wiking es el director ejecutivo del Instituto de Estudios de la Felicidad de Copenhague, así que por varios años ha ido investigando los parámetros de calidad de vida y felicidad de los países. Su trabajo se centra en averiguar tres cosas: cómo medir la felicidad, por qué unas personas son más felices que otras y cómo mejorar la calidad de vida.

 

A alguien que ha hecho de la felicidad su pasión, por supuesto había que preguntarle: ¿Eres feliz? “Soy tan feliz como un danés promedio. Para mí, tener una familia sana, que me ama y amo; buenos amigos; libertad personal, y pasión por lo que vivo y hago me da felicidad”, asegura Wiking.

 

“Cada año nos llega con un número exacto de días, pero algunos pasan sin dejar rastro, mientras otros los recordaremos para siempre. La felicidad depende en gran parte de nuestra relación con nuestro pasado y de los recuerdos que guardamos de él”, agrega.

 

¿Hay ingredientes fundamentales para alcanzar la felicidad?La riqueza económica y las relaciones sociales son factores muy importantes. Sin embargo, mientras que la riqueza económica es crucial para la felicidad en los países donde no se satisfacen las necesidades básicas, desempeña un papel menos importante en los países desarrollados. En éstos, a medida que se satisfacen las necesidades básicas, las relaciones sociales son el motor más importante para la felicidad.El hygge también es una actitud. Hay un sinfín de cosas simples para mejorar el entorno y generar bienestar para todos. “Hay que apagar el piloto automático con el que disparamos cargas negativas cuando alguien se te cruzó delante del auto, porque el elevador no funciona o el internet está lento”.

 

¡Súmate al espíritu escandinavo de la felicidad!

 

Primero, enciende las velas (ambiente), apaga el celular (presencia); café, chocolate, galletas, pasteles (placer). Nosotros por encima de yo (igualdad). Disfrútalo: este podría ser el mejor momento (gratitud). Te queremos tal cual eres, no hace falta que presumas de tus logros (armonía). Desconecta, ponte cómodo (comodidad). Nada de agobios, ya hablaremos de política otro día (tregua). Construye relaciones e historias (unión). Esta es tu tribu, este es tu remanso de paz y seguridad (refugio). Las relaciones sociales constructivas y relajadas, las de verdad, son, según los estudios, esenciales para la felicidad. Por lo demás: ropa cómoda e informal, pelo informal, chimenea, madera, mantas, cojines, juegos de mesa y hogar, mucho hogar; aunque también hay hygge para oficina y locales. “El hygge consiste en sacar lo mejor de lo que tenemos en abundancia: el día a día”, resume Wiking.

 

¡Que viva el hygge!

 

 

Silvia Méndez

Una charla con el hombre más feliz del mundo

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“Los hechos pasan, pero los que valen la pena hay que hacerlos memorables”

Meik Wiking​

 

La clave está en el hygge: un compendio entre el estar presente del budismo, la actitud gozosa de la cultura italiana, el relajo alegre del latino y el espíritu comunitario y de respeto de los nórdicos.​

 

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